No lo entiendo. Qué le vamos a hacer, qué más da. No lo entiendo. Pero da igual, es así y así es.
Qué puede importar el porqué, ni por qué. Me jode, *podré decir que todo era mentira, que todo ésto sólo es un error. Que ésto no es la realidad. No negaré que a veces duela, el mundo es un pañuelo y todo se puede cruzar. No por más tirar de las palabras vamos a tener más suerte. Y es que, puede que esté bastante avergonzado y no lo voy contando por ahí.
Con la vergüenza empiezan los problemas, canciones que pienso escribir. Podré soñar con todas las secuencias, rodadas en Panavisión. Y el corazón me lanzará una mueca, un reflejo sintomático
Podré decir que todo era mentira, no había nadie para comparar la situación. Igual diré que es una coincidencia, que no tengo nada que ver. Nada que perder, y algo que ganar si me sale bien. Nada que perder. Y algo que ganar si me sale bien, esta vez.*
He perdido, o he ganado. Todavía no lo sé. Quiero pensar que he ganado, aunque ahora piense que la he cagado.
No pasa nada, aunque ahora me joda bastante. Seguramente, cuando cuelgue esta entrada me dará igual. Habré dormido, o no. Habrá pasado el suficiente tiempo como para entenderlo, o no.
Seguro que no, aunque me crea que sí, seguiré dándole vueltas y vueltas como siempre. Llegaré a la misma conclusión, y seguiré haciendo lo mismo de siempre. Y juro que, en el fondo, me siento satisfecho. Mejor ahora que luego. Mejor verlo que pensarlo, oírlo o verlo demasiado tarde. Porque siempre es demasiado tarde. Siempre ha sido demasido tarde.
*¿Dónde está el tiempo perdido? Dónde está toda la gente que me dijo: vete a casa cuando estábamos de suerte.*
¿Dónde estás? ¿Cuándo lo sabré? No me digas que ya lo he visto, porque es una putada. Porque no pienso seguirte, aunque seas tú. Has perdido tu oportunidad, todavía no lo sabes, pero te vas a despertar, y ya no estarás borracha. Estarás con una resaca importante, casi tanta como la que tendré yo, pero sin la seguridad de haber hecho lo correcto.
Te has equivocado, no sabes cuánto. Ahora me río, porque mi pedo me hace ser suficientemente objetivo. Objetivamente suficiente. Qué paradoja. Casi tanto como la que sentirás cuando te duela la cabeza y no seas capaz de saltar de la cama, de continuar como si todo fuera mentira.
Pero la única mentira la inventé yo. Unos pocos vinos y algún Brugal con la mierda de la Pepsi te han delatado. Demasiado pronto para permitirme ser valiente y asumirlo sin más. Teniendo claro que hace unos días que inicié algo que me cambiará para siempre.
*Tenlo claro. Cayendo en la rutina, el movimiento tan mojado, tan urgente, tan seguro, tan ausente. Tan pausado. Me has mojado, te has mojado, me has mojado el corazón por un instante. Tan ausente, tan pausado.Te has mojado el corazón por un instante. Tan sagrado, tan paciente. Me has mojado el corazón, no tan valiente, sí tan profundo, siempre caliente. Me has mojado el corazón, y me he desenganchado.*
De golpe, como un balonazo en la cara en mitad del recreo de después del comedor. Igual te están follando, o te han follado ya. O estás en tu cama reconociéndote una vez más. Lo mismo es, *aunque ya no es lo que era ayer, hoy cualquiera podría tener alguna marca que distinga dónde está. Por eso ya no sabemos quién es quién cuando es discreto. Un aplauso americano, poco a poco va empezando, el roque siempre lo mejor. El corredor de fondo sabe, el tiempo sólo es una ilusión. Y algunas veces la jugó, con más burbujas que un anuncio de champán. Hemos llegado hasta la puerta, es imposible no entenderlo ahora. Ahora.* Me juego lo que me queda de polla a que en cualquiera de las tres opciones has estado pensando en mi. All in.
No me ves, pero me estoy riendo. Efecto de la marihuana seguramente. O quizás, la hierba me haya dado los cojones sufientes para ver más allá. Para saber que te he cambiado por una ilusión. Por una percepción constante que me hace ver una realidad, cada vez más clara y cercana.
Cristina, el alcohol nos ha definido. A ti y a mi. Y no sabes lo que me alegro. Te has sentido una perdedora cuando has visto cómo soy realmente. Natalia no ha tenido nada que ver, sólo ha sido el hilo conductor que te ha obligado a regalarte. Lo sabes. Lo sabemos los dos. Pero esta vez, soy yo el que siente haber hecho magia mientras tú te clavabas las agujas, una a una, en cada incursión inhóspita de tu lengua en la boca equivocada. Has visto mi labios a un centímetro de los de tu presunta enemiga. Y has preferido cerrar los ojos y pegarte la hostia contra la pared equivocada. Gracias.
Gracias por dos cosas. Por haberme permitido ver en vivo y en directo cómo te las gastas. Y gracias por haberme dado la oportunidad de saber que existe lo que estoy buscando, aunque Natalia no me haya querido dar su teléfono, pero sí decirme dónde trabaja y el horario que lleva. Estoy seguro de que ella no es Ella. *Podré sonar en todas la frecuencias de toda hispanoamérica. La más mordaz, la confianza ciega de toda mi mecánica. Sólo es cuestión de una mirada, un gesto, un guiño, una señal. Sin descuidar las frases que me lanzan. Cierra los ojos y dime que da igual. Podré decir que todo era mentira, que todo ésto es sólo un error. Y tú podrás decir que no te afecta, que ésto no es la realidad.*
- ¿Puedo pedirte tu teléfono?
- … No … Soy muy vergonzosa…. Y muy tímida (mientras se toca el pelo insistentemente), y ahora no es mi mejor momento.
- Me ha encantado conocerte. De verdad.
- A mi también. Eres distinto.
- Pásalo muy bien.
- Tú también.
- Adiós.
- Hasta pronto.
.
¿Hasta pronto? Hasta siempre. No voy de duro porque no sé cómo hacerlo, pero también has perdido el tren. No doy un duro por volverte a ver, ten por seguro que no iré donde estás. Pero también te doy las gracias. Has aparecido en forma de revelación de un futuro en un instante, pero paciente. La escasa media hora que hemos compartido me ha trasladado a un tiempo incierto y ausente. Cercano en la distancia y oculto entre los largos días que me esperan a partir del lunes. *Soy valiente, nos va a salir muy caro. Tenlo claro.
Y aunque el agua nos separa, y nunca nunca llegamos a tocarnos. En cada susurro, en palabras que tocan tus oidos, tus huesos, crujientes como tus besos, culpables de mis excesos, la noche no dirá nada. Empezará en tus labios, donde se acaba mi boca, en cada susurrro, en palabras que tocan tus oidos. Soy valiente. Nos va a salir muy caro. Tenlo claro.
Cayendo en la rutina, el movimiento, tan mojado, tan urgente, tan seguro, tan ausente. Tan pausado. Me has mojado, te has mojado, me has mojado el corazón por un instante. Tan ausente, tan pausado. Te has mojado el corazón por un instante. Tan sagrado, tan paciente. Me has mojado el corazón, no tan valiente, sí tan profundo, siempre caliente. Me has mojado el corazón, y me he enganchado.*
A ti no te digo nada. Eres un buen amigo y no hace falta. Te quiero igualmente y me alegro por ti. Teníamos un pacto de caballeros, y yo lo sigo siendo.
- Si no lo haces tú, lo hago yo.
- Hazlo tú.
En el amor y en la guerra vale todo. Tú ganas. O no.
Actualización: Sorprendentemente no tengo resaca, tengo mucho sueño después de haber dormido tres horas escasas y de poner mi mejor cara posible para cumplir los trámites establecidos. Como adelanté, Cris no puede levantarse de la cama, tiene resaca y, seguramente, algo de remordimientos. Qué bien me lo pasé anoche. Lo necesitaba.
-
… No … Soy muy vergonzosa … y tímida (mientras se toca el pelo insistentemente), y ahora no es mi mejor momento.
No pensaba colgar este post que escribí anoche al poco de llegar a casa bastante perjudicado. Pero, se han quedado muchas cosas en mi disco duro por vergüenza y alguna otra estupida excusa, que seguro que serán mejores que otras que he colgado. No quiero nombrar ninguna, con la esperanza de que las hayáis olvidado. Tampoco quiero decir que esta entrada valga mucho, pero es parte de la autoterapia que me prescribí hace un tiempo.
.
En noches como la de hoy, me gustaría coger el Network Stambler y “saltear” una red. Hace tres canciones que he llegado a casa y, como mínimo, vengo con ganas de escuchar música en el Spotify. ¿Por qué cojones me echas de internet? Sigo sin hacer nada malo. Tú tienes la conexión abierta y yo todavía no he hecho lo que tenía que hacer. Pero no me he descargado nada, ni he puesto ninguna película, ni he hecho nada que pueda entorpecer tu interesante conversación por el messenger. Igual es que te vas a la cama ya. Claro, eso será.
Pagamos justos por pecadores, porque seguro que mucha gente se ha aprovechado hoy de tu conexión. Suele pasarme, no te lo tendré en cuenta cuando te vuelva a ver en el acensor. Tampoco creo que seas tú, aunque, Nancy te pega.
Mi viejo portátil detecta, ahora mismo, treinta y cinco conexiones a mi alrededor. Es cierto, están todas cerradas. Pero hay una que intenta conectar, me pide la contraseña, siempre lo intenta y nunca lo consigue. Sería más fácil si abriera alguno de los programas que bajé y me dejara llevar.
Pero no lo voy a hacer. Aunque tenga que grabar este archivo, y copiarlo y pegarlo mañana cuando me levante. Es mejor así. Por eso del karma y porque soy así. Un poco gilipollas, pero así.
No puedo decir que ser así me haya traído nada bueno hasta ahora, pero no me importa. Soy un gilipollas, y será que tengo que serlo. Total, si tengo que elegir, prefiero ser lo que soy a ser una mierda. Aunque, no se diferencia mucho de cómo me siento últimamente.
Me pondría un whisky y me haría un mai… Y lo voy a hacer. Con vuestro permiso.
No tenía ningún vaso limpio y he tenido que fregarlo. Pasa cuando se acumulan los actos sociales y no apetece ser persona cuando toca. Hay tanto polvo encima de los muebles que me impiden echar más polvos.
Permitidme que esta noche hable de sexo. Explícitamente. Voy lo suficientemente borracho como para hacerlo después de un día más sin hacerlo.
Todo lo explicito que me deje mi puto yo, acompañado de un Blairmhor de ocho años que me regalaron este fin de semana y que casi no queda.
Hace más de tres meses que no echo un polvo. Es un hecho, constatado. Podría haber echado muchos unos cuantos desde entonces. Pero no los he echado, y los he perdido para siempre. Echaré otros, mejores y peores, pero ésos no. Ya los he gastado sin disfrutarlos.
Hace mucho que no he tenido necesidad de cambiar las sábanas de mi cama. Y me preocupa. No porque sea muy limpio (que no lo soy), sino porque no ha hecho falta. No las he ensuciado nada. Y la segunda vez que las lavas, te preguntas el porqué; si el noventa y cinco por ciento de las veces duermes en el sofá.
Me gusta tanto cambiar de pareja sexual como ponerme un condón. Así me va. Es otro hecho perfectamente constatable.
Por eso me cuesta tanto empezar una relación, o en su defecto, echar un polvo. Pocos polvos he tenido de una noche. Cuando digo que estoy desaprovechado es por algo…
Recuerdo una vez que llegaron a violarme. Así, tal cual. Como suena.
Carmen…
Después de una noche de alcohol y baile en un pueblo del que no me puedo acordar, acompañando a un amigo que tocaba los teclados en una orquesta. Terminamos en casa de él, como no podía ser de otra manera en esos momentos, y acabé con ella en la misma cama.
Juro que estaba destrozado, borracho y tirado para el arrastre. Pero, sus ganas pudieron a mi apatía, y estuvimos despiertos hasta el mediodía. Sin preservativo ni posibilidad de conseguirlo. Ahora le agradezco su esfuerzo y constancia en semejante batalla.
Follamos como no estaba escrito. No sería el caballero que soy si contara cuántas veces se corrió y los pormenores de aquel movimiento. Recuerdo que me emborraché dos veces esa noche.
No volvimos a vernos con nuestras vergüenzas, aunque nos encontramos años más tarde en un bar. Ella a un lado y yo al otro de la barra.
Hace más de un año que me encuentro en la misma situación. A un lado de la barra. Sólo me han gustado mujeres que estaban al otro lado. No es difícil de entender cuando sabes que sólo he conocido a camareras desde entonces. Es muy significativo, y muy obvio.
De siete mujeres me han gustado tres. No es mal porcentaje, aunque poco efectivo. Cuando te gusta una mujer, que está en un entorno que la hace ser más deseada, pasa que está sobrevalorada. Por lo que, tus esfuerzos (cuando merece la pena) tienen que ser mucho más “creativos” que la media. Aún así, el noventa por ciento de las veces, no funciona. Mis neuronas no están preparadas ahora para sacar el tanto por ciento exacto de lo que me tocaría, pero es seguro que es ínfimo.
Moraleja: Búscala tú, porque la que yo te puedo dar no es la más adecuada para el tipo de blog donde te encuentras.
Al final, bebo whiskys que soy incapaz de pedir en los bares, y follo menos que Los Serrano. Cambiaré (o no) y le pediré una cita a Cristina. Aunque no tenga un euro para invitarla.
Es posible que ésto sea verdad y todo. De hecho, lo es. Pero también parece que no estoy en condiciones de aprovechar esta oportunidad.
Soy la persona perfecta para llevarlo a cabo, y ellos lo saben. La semana pasada acudí a la reunión sin haber dormido ni medio minuto (qué raro) y estuve brillante. No lo diría si no hubiera sido así. Tengo un don especial para las grandes batallas -hace poco le di las gracias a mi padre por inculcarme parte del adiestramiento- y cuanto más esté en desventaja, mejor me va. Siempre es más fácil cuando tienes poco que perder. Cuando empiezo a oir silbar las balas a mi alrededor, sonrío por dentro y pienso: “Ya estás donde yo quería. Utilizando tu posición desde los altares para escupir sobre mi tu prepotencia. No sabes que tu asquerosa saliva se convertirá enseguida en el sudor de la impotencia”. Esta vez no hizo falta, era (sobre todo) el primer paso de una alianza.
Ha pasado mucho tiempo desde la última vez. Tanto tiempo de luchas destrozan al mejor ejército, y yo siempre he estado solo. Sólo estoy yo y eso me convierte en un rival relativamente fácil, porque al final sí que tengo algo que perder. No queda otra que retroceder y jugar muy bien tus cartas para sufrir los mínimos daños posibles, porque el enemigo siempre ataca cuando eres débil. Aunque, también saben lo peligroso que es un animal herido.
Ahora, estoy preparado otra vez para luchar en primera línea, a pesar de que muchas de mis heridas sigan abiertas. Pero sé que es el momento, es cierto que lo he creído antes pero no he iniciado ninguna cruzada hasta hoy. Las oportunidades están ahí para aprovecharlas, si no lo haces lo hará otro en tu lugar. Y, puedo prometer y prometo, que ya ha habido demasiada gente que se lo ha montado gracias al menda. Decir que estoy hasta los huevos, sería muy poco.
Es el momento, pero no es el mejor momento. Pero sé que es el momento porque por primera vez sé que no va a haber mejor momento. Aunque creas entenderlo no lo entiendes realmente, y si, directamente, no lo entiendes es porque es mucho más fácil de lo que he expresado. En resumen, que después de seis minutos pensando cómo explicarlo y si tenía que hacerlo, lo he comprimido en dos líneas incomprensibles si no se tiene toda la información. Pero, a lo que vamos, es el momento.
El objetivo es inmejorable. A día de hoy y con la disposición del tablero, es cojonuda. No puedo aspirar a más a corto y medio plazo, y el largo no existe. Por primera vez me encuentro ante un trabajo/proyecto/reto que combina perfecta y milimétricamente mis fortalezas. Es un conjunto de todo lo que se me da bien y me gusta hacer, incluso tengo la oportunidad de escribir.
Pero es un problema cuando el objetivo es lo único bueno de la gesta. Bueno, sí, es verdad, también estoy yo. No me preguntes cómo estoy, pero estoy. El Cid ganó una batalla sólo por ser él, aunque estuviera muerto a lomos de su caballo.
Los recursos no es que sean limitados, es que son leyenda. Aire no me falta, agua tampoco, y comer, como lo suficiente. A partir de ahí, es un ejercicio de supervivencia diaria con un machete en los dientes. Menos mal que el terreno lo domino.
Me gusta el póker (pero es otra historia) al igual que el Monopoly (que también es otra historia, mucho más jugosa), porque son dos juegos muy parecidos a la vida real. Se pueden comprender muchas cosas si consigues entenderlos. El caso, es que en el póker, por muy conservador que seas y sólo juegues las mejores cartas, siempre llega el momento en el que has aguantado muchas manos y el impuesto fijo es demasiado alto como para sobrevivir lo suficiente. Así que no queda otra opción que jugártela antes de que te la jueguen. En la vida pasa exactamente igual.
La diferencia es que hace mucho tiempo que se me acabaron las fichas, y el dinero ni lo nombro. Sólo me quedan dos cosas que cambiar por fichas, y espero que las acepten.
Próximamente en Twitter:
————————————————————-
Tenemos chica nueva en la oficina, se llama impresora y es divina…
Ni bueno ni malo, eres tonto.
Tonto es el que hace tonterías, y gilipollas, el que las hace sabiendo que las está haciendo. Luego estoy yo.
Tócame los huevos, que yo ya me he cansado.
Sabiendo lo que sé, no sé lo que tengo que saber.
Dime que me quieres y te doy 50 euros.
Si quieres echar un polvo, no esperes a que te lo echen.
Dí la verdad cuando mientas y miente cuando digas la verdad. Lo mismo te dará, porque nadie te creerá.
O vienes, o me quedo.
-¿Qué te pongo? – Mejor, pregúntame cuánto…
Trátame bien, que de eso se trata.
Parece mentira que sea mentira. -Y ¿si lo es? – ¿Entonces? – No te lo creas . – Pero… – Da igual, no lo ibas a creer, de todas maneras.
Monto un circo y me crecen los enanos. – Pues monta mil y crecerán miles de enanos.
Ruge Mistral, que Benetton ha vuelto.
Se busca vampira que chupe. Razón: Exceso de mala sangre.
Vendo lo que no he comprado para comprar lo que he vendido.
Cambio cromos por álbum completo.
Alquilo pecados por quincenas.
Se traspasa vida por no poder atender.
Compro lo que otros no quieren para venderlo a plazos.
Se alquila habitación con derecho a cama.
Japonesas de Hong Kong para francés en Andorra. Griego no, todo más italiano.
Vendo moto. No tiene ruedas pero puedes hacer grandes lijadas.
Si te lo contara tendría que matarme.
¿Dónde me escondo? – ¡En el armario! – Y ¿si está Tom Cruise?
Dios mío, ¿por qué me has abandonado? – Porque se me ha jodido el GPS.
.
No me lo tengáis demasiado en cuenta, y el post anterior tampoco.
Bienvenidos al ejercicio número veinte. Hoy escribiremos juntaremos letras para ver qué sale en un domingo cualquiera y con una resaca muy concreta.
Comienzo citando una frase que he leído esta tarde y que me ha servido para abrir el cuaderno de notas:
LO MEJOR ES CUANDO SE ACABA LO BUENO Y COMIENZA LO MEJOR. Literalmente
Esta mañana, después de dormir cuatro horas y levantarme para una comida de domingueros familiares, me he despertado más pedo de lo que me acosté. Por lo que, además de quedarme en la cama tres cuartos de hora más y meterme media botella de agua en bloque a lo fakir, me he fumado el medio porro que quedaba en el cenicero. Todo un clásico que había olvidado. Y si -por si acaso- quedaban dudas de mi predisposición, he enchufado el Spotify prestado para poner “Un buen día” de Los Planetas. El agua de la ducha ardía y me ha tenido atrincherado durante varias canciones. Tampoco me he afeitado hoy, sigo gastando el look de malote porque me han dicho que a las chicas le gustan los tíos malos. Pero a mi me delatan los ojos. Ya me lo decía Sara, una preciosa mujercita rubia de 21 años que me tenía loco: “Tú, ni que te dejes más largas las patillas, la barba o lo que quieras. Nunca serás malo”. Y con eso me quedé, decía que sólo había que mirarme a los ojos. Seguramente, sería otra razón más para no haber intentado nada con ella. Así me va.
Prosigo con mi ejercicio, estaba a punto de salir de casa.
Son las dos y veintidos y he quedado a y cuarto. Salgo de mi casa pensando que es tan pequeña que en ella sólo se habla del tiempo, y mi cama tan grande que cuando voy a coger el tren ya se ha ido; pero con muchas ganas de volver. El uniforme de chico malo se completa con las gafas que me quitaron a principio de verano y que me regalaron la semana pasada (nótese que me he pegado todo el puto verano sin gafas de sol, o lo que viene siendo, sin ver un pijo durante el día). En el ascensor (sin espejo) me veo como Stallone en Cobra, pero venido a menos. Sin ellas parezco un yonki de Malviviendo, así que no hay duda y pillo un taxi hasta la zona más pija de la ciudad donde se instala nuevamente el camping semanal. Y dónde mejor que en la terraza, para comer y procurar pasar desapercibido. Ahí ya me quité las gafas, rodeado de cocodrilos y hombres montados a caballo jugando al polo. No te lo imagines, míralo tú mismo, sí, llevo una resaca que no es mía, ¿acaso es tuya? ¿No? Pues eso. Yo quiero una de calamares y un botellín de agua. No, mejor dos de agua.
A mi izquierda y a mis pies, está el típico hueco de hormigón donde debería haber un árbol. Vamos a ver, ¿hay árbol? Pues tapa el puto hueco, desgraciado. ¿Y por qué cojones tiene que tener una profundidad de más de medio metro? Me ha tenido acojonado toda la comida, encerrado entre la mesa y el socavón cuadrado. No me he caído, afortunadamente, pero… Primero se me ha caído un calamar, después el segundo, otro más, he comido uno y el plato junto con los calamares que aún quedaban vivos y el limón han terminado encima de mis pantalones. Por supuesto, las cinco mesas de la terraza y los viandantes que por allí pasaban, han sido testigos mudos del espectáculo. -Tranquilos, sólo son unos Levis- Y todo el mundo a lo suyo otra vez.
He utilizado la vuelta a casa como jornada de reflexión, aprovechando que he ido a pata para bajar los seis o siete calamares que se han dejado comer. ¿Por qué tenía semejante resaca? Fácil, porque anoche la pille muy gorda. Vale, y ¿por qué la pillé tan gorda? También es fácil, cumpleaños de una amiga y cena previa con un colega. Sí, pero de cervezas. Tampoco es para tanto, no lo entiendo. Es todo lo que ha dado de sí el trayecto.
A las cinco me llaman para echar el café donde la rumana de los domingos, no voy pero le pregunto por mis cervezas y el malestar general. Ha sido mi momento Memento, he girado la cabeza a la derecha y he visto los restos del naufragio: botellas vacias de lambrusco, vasos, más vasos con restos de diferentes tipos de orujos y dos ceniceros hasta arriba. Y en el cumpleaños, una cerveza en la mano durante toda la noche, y no recuerdo haber bebido cerveza caliente en ningún momento. Recuerdo otro perfume, pero tenía novio. Qué desaprovechado que estoy. Su puta madre…
Hablé con ella más de dos horas, no sé cómo se llama y si lo sé, no me acuerdo. No paraba de tocarme. Ahora el pecho, a ver el brazo, mmm, sí, el otro para comprobar, jeje, ¿y la tripa? Si buscas grasaza, tócame los flotadores, es lo único que me queda de la época del Club del chuletón y los dos Almax de sobre antes de sentarnos a la mesa. Sí, claro, si me tocas el culo un poco más, te muerdo el cuello, pero a tu novio tendría que arrancarle el corazón, y no está bien, porque entonces me darías el coñazo a mi todos los días en vez de dárselo a tu novio. Y no está bien. Así que voy a por otra cerveza, porque sólo ganas tú y a mi sólo me quedará tu perfume en mis manos. O sigue hablándome de lo malas que son las mujeres, que tú las conoces muy bien y que pueden ser muy malas, pero tú no. Tú no estás siendo mala conmigo. Que realmente os gustan los chicos buenos y encima, si son tan guapos como yo, mejor. Y toca, toca, que estamos de promoción.
Y esto es lo que sale de un domingo cualquiera con una resaca muy concreta, que he llevado valientemente con licor de café casero mientras juntaba estas letras en espera a ver a España ganar a Serbia. No puedo despedirme sin daros un consejo que estoy dando últimamente a mis amigos/as y que he tomado prestado de un anuncio genial. Que cada uno se lo aplique como deba: “Evita el polvo que produce reacciones alérgicas. Pronto.”
Actualizado 03:23 h. La versión machista del anuncio, al poco de emitirse añadieron hombres en la misma situación.
Tengo el placer de compartir con todos los que estáis haciendo posible que escriba, el orgullo de ver en MisFrases.com un trocito de mi anterior post. Aprovecho también para daros las gracias por vuestras visitas y comentarios, y a la administradora de esta fantástica web por incluir la frase. Muchas gracias.
Ha llegado el momento de reinventarme. Bueno, realmente llegó hace mucho tiempo, pero todavía está esperándome. Y ahora, me ha vuelto a avisar. Con una voz distinta a las veces anteriores. Sin hablar. Sin gritos. Sin amenazas. Pero directo. Muy directo. Carente de todo y ausente de nada.
Tengo muchas cosas en mi cabeza. Casi tantas como pelos.
Vale, me he pasado un poco. Pero hay muchas. Demasiadas.
De todas maneras, lo mismo da porque no tenía intención de escribir sobre esto. Sobre lo que quería escribir tampoco me veo con muchas ganas, entre otras cosas, porque no tengo muy claro qué es lo que quería escribir. Igual no quiero escribir sobre nada. Igual sólo quiero escribir.
Pensándolo un poco, no sé si quiero escribir.
Voy a pensarlo un poco más…
…
…
Si me pongo a pensar se me ocurren cosas nuevas y lo único que consigo es añadir más pelos. Más bien, nuevas canas.
Así que me voy a dormir.
…
…
Pero no tengo sueño.
Porque todavía no he encontrado ninguna solución. Porque cada vez que se me ocurre algo brillante, me duermo. Y todo vuelve a empezar.
El descanso del guerrero, que está cansado por mil batallas que todavía no ha comenzado. Convaleciente, aún, por heridas abiertas en un infierno cerrado. Invitado a una cacería donde la presa es él. Donde los sueños se convierten en películas sin finales alternativos. Pero donde, misteriosamente, siempre escapa. Encasillado en un papel que, a pesar de bordarlo, no exprime su potencial como debería. Como tendría.
Atrás quedaron (afortunadamente y por ahora) las persecuciones y las pistolas que no disparan. Las espadas que no cortan y los coches que no funcionan. Tal vez, cansados ya por no encontrar al rival al que un día temieron.
Perdido entre flores de plástico y sillas desechables. Perdido en el tiempo y en un espacio cada vez más estrecho. Perdido en la oficina de objetos perdidos. Perdido en corrientes circulares en el tiempo.
No todas las paredes se rompen por más hostias que te des contra ellas. Ni tan siquiera golpeándolas con la cabeza. Los escorchones en la pintura sólo son prueba fehaciente de que mi coco ha salido peor parado.
Mi corazón, que es un damnificado más, comparte junto a mi, la nostalgia de vidas pasadas sin poder recordarlas. Conformándose con imaginarlas e inventarlas. Y cada día está menos lúcido. Como un servidor. Sólo que este servidor nunca se ha conformado. Ni lo hará. Nunca.
Inventar no es fácil. Hace falta, primero, encontrar algo que haga falta de verdad. Una necesidad. Y una vez encontrado, supone un esfuerzo inmortal al que no todos estamos dispuestos. Después, una vez resuelto, comienza lo peor: la soledad.
La soledad del soldado abatido y por el que no se arriesga al escuadrón. En un escenario aleatorio, repleto de minas sin marcar. Sin zanjas donde descansar, donde respirar. En un tablero donde se la juegan dos ejércitos, y tú eres el tercero. Sin llevar el uniforme adecuado. Con más que perder que el resto de hordas del caos, y con menos oportunidades que una bala perdida entre miles de árboles.
Con pasos incongruentes, la vista en el horizonte por no ver el firmamento y la sangre que te queda, en alguna parte oculta de la cabeza. Inconsciente superviviente en un mundo moribundo.
La soledad de volver a empezar, sin pasar por la casilla de salida y pagando un peaje donde, teniendo todos los semáforos en verde, paras en cada rotonda para ceder el paso. Sin airbags ni gps, con un único cinturón sin tensar y la gasolina de un Zippo. En un Simca 1000 que perdió tres ceros por el camino.
Pero toda debilidad puede convertirse en una fortaleza, encontrando la oportunidad adecuada y aprovechándose de las amenazas. Y es ahí donde me hago fuerte. Donde me he hecho fuerte cuando yo sujetaba la espada, en vez de ella a mi. Donde me haré fuerte intentando esperar a ese fugaz instante que me guíe a través del desierto de cristal. Cuando el infierno no es el castigo, sólo un camino más.
.
Asustado, sientiéndome enfermo
como una temporada en el infierno
Intentando ver una salida
encontrando más problemas todavía
todo esto que jamás podré comprender
lo que obtuve a cambio de intentar hacerlo bien
si sólo es para mi, quiero mi parte de lo bueno
quiero que estés aquí
quiero tenerte dando vueltas a mi lado todo el tiempo
en nueve órbitas concéntricas y yo estar en el centro
si no es mucho pedir
pero es lo menos que merezco.
Los Planetas – Corrientes circulares en el tiempo
.
.
.
Ahora no recuerdo qué película era (y no tengo internet para mirarlo) pero seguro que alguien caerá. Era una chica soltera que vivía sola y le contaba a otra, que se había dado cuenta de que si se atragantaba no habría nadie para ayudarla y moriría allí, sola, en su casa de soltera. ¿Puede ser Bridget Jones? Me acuerdo de otra película (que tampoco sé cuál es) donde copiaban la misma escena y situación, supongo que en homenaje a la primera.
Sí, morirse solo es una putada, ya sólo el hecho en sí es una gran putada. Pero lo peor (me recuerda a los F.A.G.E.R) de vivir solo es algo que nos pasa a todos con mayor o menor regularidad dependiendo de la persona y de sus hábitos de limpieza. Es posible que cada uno tengamos en la cabeza un “lo peor” de vivir solo, pero pensadlo bien: Lo peor de vivir solo es tener que tender tú solo (en un tendedero de plástico de esos portátiles) las sábanas de la cama de 1,5 x 2 y cuando se han secado, doblarlas tú solo one more time. En mi caso todas las semanas, que soy muy limpio y escoscado.
Hasta hace nada, echaba de menos doblarlas con mi ex, aunque en esos momentos me jodía mucho tener que dejar de hacer alguna cosa hiper-importante y tener que hacer coincidir las esquinas milimétricamente, impidiendo que quedara alguna arruga aparente y/o pliegue sospechoso entre ella y yo. Me pasaba lo mismo con el sexo, antes echaba de menos follar con ella, ahora echo de menos follar. Pero todo es cuestión de adaptarse y acostumbrarse, siempre se puede dormir en el sofá (creo recordar que una estimada lectora escribía que también era de planchar la oreja en el salón) y lavar menos veces las sábanas. Al fin y al cabo a la manta que utilizo para no ensuciar el sofá se le puede dar la vuelta y lavarla cada quince días. A las sábanas también, pero es una guarrada.
Porque el hombre, como especie, es un animal de costumbres. Hay costumbres que hacen más animal al hombre, pero es otro tema que no viene al caso hoy. Lo cierto es que, poco a poco, me estoy acostumbrando a estar soltero. Para vivir solo no necesito acostumbrarme. Pero también echo de menos vivir con Diana y Rosa y las noches en la terraza. Echo de menos los Lambruscos rosados del Eroski, las cenas de plancha y las recenas con cava.
Me acojono cuando pienso que es la primera vez en dieciseis años que estoy soltero tanto tiempo. Me he tirado quince putos años en pareja, con una o con otra, de una manera u otra, pero comprometido. No echo de menos a ninguna, imagino muchas veces qué hubiera pasado si hubiera seguido con cada una de ellas, cómo habría sido. Sólo me arrepiento de haber huído una vez antes de tiempo. Lo que hice estuvo mal, y cómo lo hice peor. Y creo haber pagado muy cara la condena dejando entrar en mi vida y mis sueños a una súcubo, en mi vida durante siete años y en mis sueños durante alguno más. Suficientes para no dejarme querer y estropear alguna relación.
Echo de menos muchos besos. Echo de menos irme de fin semana o de escapada a cualquier parte. Echo de menos abrir la segunda botella de vino. Echo de menos compartir impulsos. Echo de menos escribir mensajes de móvil. Echo de menos que mi cama se quede pequeña. Echo mucho de menos escribir cartas de amor. Y echo de menos recibirlas. Echo de menos pasear por la playa a medianoche. Echo de menos aquellas miradas que sólo se quedaron en sonrisas. Echo de menos seguir las sonrisas. Echo de menos convertirlas en mil momentos.
Pero a quien realmente echo de menos es a mi. Al tipo que algún día fui. Como aquella canción de los años 80. Sabiendo que aún mantengo un sentimiento dentro que pudo ser el del comienzo. Mientras tanto, le digo con cariño y cierta ironía a mi humilde soltería que sé que algún día “te echaré de menos”.

